La escalinata de la Universidad de La Habana vuelve a hablar: estudiantes se plantan ante una crisis que golpea la educación

Apagones, transporte colapsado y datos móviles cada vez más caros empujan a universitarios a protestar en el corazón simbólico de la educación cubana.

3 min de lectura9 de marzo de 2026Sociedad
La escalinata de la Universidad de La Habana vuelve a hablar: estudiantes se plantan ante una crisis que golpea la educación

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La escalinata de la Universidad de La Habana —uno de los espacios más emblemáticos de la vida intelectual y política del país— volvió a convertirse en escenario de protesta. Esta vez no por consignas ideológicas ni actos oficiales, sino por algo mucho más básico: estudiantes que aseguran que hoy en Cuba estudiar se ha convertido en una carrera de obstáculos.

Un grupo de universitarios decidió realizar una sentada pacífica en la escalinata para denunciar públicamente las condiciones en las que intentan continuar sus carreras. Según los propios estudiantes, la combinación de apagones prolongados, crisis del transporte y el alto costo del internet está haciendo prácticamente inviable sostener el ritmo académico.

El malestar surge de una contradicción evidente entre el funcionamiento del sistema universitario y la realidad del país. En varias facultades se mantienen modalidades de clases semipresenciales o virtuales, pero miles de estudiantes enfrentan serias dificultades para conectarse o estudiar. Los apagones —cada vez más frecuentes dentro de la crisis energética nacional— pueden durar horas o gran parte del día, interrumpiendo tanto las clases online como el tiempo necesario para estudiar o realizar trabajos.

El acceso a internet es otro punto crítico. En Cuba la conectividad depende casi por completo de paquetes de datos móviles, cuyo costo representa una carga significativa para muchos estudiantes. En un contexto de inflación, salarios deprimidos y deterioro del poder adquisitivo, mantenerse conectado para cumplir con las exigencias académicas se ha vuelto un lujo para una parte importante del alumnado.

A esta situación se suma el deterioro del transporte público. La escasez de combustible y la falta de vehículos han reducido drásticamente la movilidad dentro de La Habana y otras ciudades del país. Para muchos universitarios, asistir a clases presenciales implica pasar horas esperando transporte o simplemente no lograr llegar a la universidad.

Tras varias horas en la escalinata, los estudiantes decidieron entrar al campus para reunirse con autoridades universitarias y plantear sus reclamos. El encuentro se produjo en un ambiente tenso y bajo vigilancia de agentes de la Seguridad del Estado, una escena que se repite cada vez que surge cualquier manifestación pública de inconformidad en la isla.

Lo ocurrido en la Universidad de La Habana parece reflejar un malestar más amplio dentro del sistema educativo. Testimonios de estudiantes de otras instituciones universitarias del país describen problemas similares: interrupciones constantes por apagones, dificultades para trasladarse y el alto costo de mantenerse conectado.

La escena en la escalinata resume una paradoja cada vez más evidente. Durante décadas, la educación superior fue presentada como uno de los grandes logros del sistema político cubano. Hoy, sin embargo, muchos estudiantes denuncian que ni siquiera existen las condiciones materiales mínimas para poder estudiar.

En la Cuba actual, formarse profesionalmente ya no depende únicamente del esfuerzo académico. Depende de algo mucho más básico: tener electricidad, transporte y conexión a internet. Tres factores que, en la realidad cotidiana del país, cada vez son menos seguros.

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