Washington llama “humo” a las reformas cubanas: el verdadero problema es que el poder sigue intacto

Estados Unidos acierta al desconfiar de una apertura diseñada para preservar al Partido Comunista, pero simplifica demasiado al presentar como insignificantes unas medidas que, sobre el papel, desmontan pilares históricos del monopolio estatal. La cuestión decisiva no es cuánto mercado autoriza el régimen, sino si el ciudadano adquiere derechos que el poder no pueda revocar.

14 min de lectura20 de junio de 2026Transición y Escenarios
Washington llama “humo” a las reformas cubanas: el verdadero problema es que el poder sigue intacto

Resumen

El Departamento de Estado de Estados Unidos calificó las 176 transformaciones económicas aprobadas por la Asamblea Nacional cubana como “señales de humo superficiales” y afirmó que son modestas, tardías y compatibles con una estrategia habitual del régimen: aparentar cambios mientras conserva intacto el control político. La declaración fue transmitida el 19 de junio por un portavoz no identificado a Agence France-Presse y posteriormente reproducida por CiberCuba y otros medios internacionales.

Washington exige reformas políticas y económicas más profundas, capaces de ofrecer seguridad a los inversionistas y libertad efectiva a los cubanos. La crítica parte de una evidencia: Miguel Díaz-Canel dejó expresamente establecido que la apertura no implica abandonar el socialismo ni alterar la supremacía política del Partido Comunista. La cobertura oficial de Granma presenta las medidas como instrumentos destinados a “preservar lo esencial” del sistema.

Sin embargo, reducir todo el paquete a una operación puramente cosmética tampoco resiste un examen riguroso. Las propuestas permiten bancos privados, empresas con más de cien trabajadores, propiedad sobre varias compañías, participación privada en empresas estatales, inversión extranjera en negocios no estatales, comercio exterior directo bajo autorización, compraventa de determinados activos públicos y una mayor intervención del mercado en precios, divisas y asignación de recursos. Reuters y Associated Press las describieron como el cambio económico más amplio desde 1959.

El juicio correcto exige separar tres planos. Las medidas son económicamente significativas sobre el papel. Su ejecución continúa rodeada de incertidumbre. Y políticamente no constituyen una democratización, sino un intento de salvar el régimen mediante una economía menos rígida.

Análisis

Verificación de la noticia

La declaración estadounidense es real, aunque su origen debe describirse con precisión. No fue emitida mediante un comunicado formal firmado por Marco Rubio ni aparece publicada, hasta ahora, como transcripción oficial en el portal del Departamento de Estado. Fue entregada por un portavoz del organismo a AFP, que la difundió el 19 de junio. La agencia atribuyó al portavoz la descripción de las reformas como “señales de humo superficiales” y la acusación de que el régimen suele conceder aperturas graduales para revertirlas cuando percibe una amenaza contra su control. AFP/NAMPA

La ausencia de un documento oficial público no invalida la declaración. AFP es una fuente internacional reconocida y atribuye directamente las palabras al Departamento de Estado. Pero impide conocer el nombre del funcionario, el contexto completo de la respuesta y si la formulación representa una evaluación política consolidada o una reacción inicial de la Administración.

También está confirmada la magnitud formal del paquete cubano. La exposición oficial presentada por el primer ministro Manuel Marrero recoge 176 propuestas organizadas en 23 ejes económicos y sociales. Entre ellas aparecen la transformación de empresas estatales en sociedades mercantiles, la entrada de capital privado en la banca, la autorización para que una empresa privada contrate a más de cien trabajadores, la posibilidad de que una persona posea varias compañías y la ampliación de la inversión extranjera. Granma

La Asamblea Nacional aprobó el paquete por unanimidad. Reuters confirmó que las medidas abrirían sectores hasta ahora reservados al Estado, incluida la banca, el desarrollo inmobiliario y determinadas participaciones accionarias. Pero la misma agencia advirtió que no estaba claro con qué rapidez ni mediante qué mecanismos jurídicos serían ejecutadas.

Esa última precisión es fundamental. Cuba ha aprobado una orientación política y un conjunto de transformaciones. Muchas requerirán leyes, decretos, reglamentos, licencias, autoridades supervisoras y procedimientos administrativos que todavía no han sido divulgados en su totalidad. No es correcto presentar cada propuesta como un derecho plenamente vigente desde el momento de la votación.

La información central de CiberCuba es, por tanto, verificable. Estados Unidos rechazó políticamente el paquete. Cuba aprobó una reforma económica extensa. Lo que sigue abierto es su implementación real y la reacción específica de Washington ante cada medida concreta.

1. Contexto político

La desconfianza estadounidense no nace de la nada. El castrismo posee un historial prolongado de aperturas parciales, retrocesos administrativos y tolerancia selectiva hacia la iniciativa privada. Cada vez que el sector no estatal ha adquirido demasiado peso económico o visibilidad social, el Gobierno ha reaccionado con nuevas restricciones, congelación de licencias, controles de precios, impuestos, inspecciones o campañas políticas.

El problema no es exclusivamente económico. El poder cubano comprende que la autonomía material produce autonomía social. Un ciudadano con propiedad, capital, empleados, proveedores y relaciones internacionales depende menos de la administración estatal. Esa independencia puede convertirse en capacidad para financiar prensa, asociaciones, iniciativas cívicas o redes de solidaridad fuera del Partido.

Por eso el régimen nunca ha tratado al empresario privado como un sujeto plenamente libre. Lo ha tratado como un actor permitido, regulado y potencialmente revocable.

Las nuevas medidas no eliminan esa relación de subordinación. El Partido Comunista continúa siendo la fuerza política superior, la Asamblea Nacional no funciona como contrapeso independiente y los tribunales permanecen integrados dentro de una estructura institucional controlada por el mismo poder que legisla, administra e inspecciona.

El propio discurso oficial confirma el límite. Díaz-Canel declaró ante los diputados que las transformaciones no representan una renuncia al socialismo, sino una vía para seguir construyéndolo en las condiciones actuales. Granma

Esa formulación revela la intención estratégica: cambiar los instrumentos para preservar el sistema.

No aparecen dentro del paquete compromisos con elecciones competitivas, libertad de prensa, sindicatos independientes, pluralismo partidista, separación de poderes ni liberación general de presos políticos. Tampoco se reconoce al ciudadano el derecho a organizarse políticamente contra el Gobierno.

Washington tiene razón en ese punto. Una apertura económica no equivale a una apertura democrática. China y Vietnam demostraron que un partido único puede tolerar mercados amplios, empresas privadas y acumulación de capital sin entregar el monopolio político. Cuba intenta adaptar esa fórmula a una economía mucho más pequeña, deteriorada y dependiente.

Pero también sería incorrecto afirmar que nada cambia. Autorizar empresas mayores, bancos privados, varias sociedades por propietario y participación accionaria no es una modificación decorativa. Son concesiones que alteran la distribución económica dentro del sistema y pueden generar actores con más capacidad de negociación frente al Estado.

El régimen intenta resolver esa contradicción mediante regulación y supervisión. Quiere empresarios productivos, pero políticamente dóciles. Quiere capital privado, pero no poder privado. Quiere inversión de la diáspora, pero no participación política de la diáspora. Quiere mercado, pero no soberanía ciudadana.

Ese es el centro político de la reforma.

2. Contexto económico o estructural

Desde una perspectiva estrictamente económica, la expresión “señales de humo” resulta insuficiente. El paquete cubano no es menor. Sobre el papel, modifica algunos de los fundamentos que sostuvieron la economía centralizada durante décadas.

Las empresas privadas podrán contratar a más de cien trabajadores y pasar a ser clasificadas como empresas de mayor escala. Una misma persona podrá ser titular o accionista de varias entidades. También se amplían las formas societarias, incluyendo sociedades por acciones, y se conceden derechos de usufructo o superficie para realizar inversiones productivas. Granma

En el sistema bancario, el documento oficial plantea instituciones financieras privadas, nacionales o extranjeras, banca corporativa, microcréditos, cuentas en divisas sin autorización administrativa previa y casas de cambio privadas dentro de un mercado digital regulado por el Banco Central. Estas propuestas afectan uno de los centros históricos del control estatal: el dinero.

También se permite que empresas privadas y cooperativas realicen directamente operaciones de comercio exterior, aunque sujetas a autorización del Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera. Esa cláusula demuestra simultáneamente la amplitud y la limitación de la reforma. Se elimina la intermediación obligatoria en determinados casos, pero el Estado conserva la capacidad de decidir quién puede participar.

Las transformaciones alcanzan la inversión extranjera. El Gobierno propone empresas mixtas con negocios privados, derechos de superficie de hasta 99 años, contratación directa de trabajadores, cuentas bancarias en el exterior y operaciones inmobiliarias. También contempla la venta o arrendamiento de activos turísticos y la entrada de capital extranjero, privado o de cubanos residentes en el exterior. Granma

Estas no son medidas irrelevantes. Representan la admisión de que la empresa estatal no puede sostener por sí sola la economía cubana.

El Estado necesita que actores privados produzcan, importen, exporten, financien, reparen, transporten y generen divisas. Necesita que la diáspora aporte capital. Necesita inversión extranjera precisamente cuando las empresas internacionales perciben a Cuba como un destino de alto riesgo.

El problema es que una reforma económica no se vuelve real por estar escrita en un documento. Requiere credibilidad, estabilidad normativa, acceso al financiamiento, capacidad energética, infraestructura, moneda funcional y tribunales que protejan al inversionista frente al propio Estado.

Cuba carece de buena parte de esas condiciones.

Reuters documentó el escepticismo de ciudadanos que no saben cuándo comenzarán las medidas, cómo serán reguladas ni quiénes podrán beneficiarse. La inflación, los apagones, la falta de capital y la desigualdad en el acceso a remesas pueden convertir la apertura en una oportunidad concentrada en una minoría.

También existe el riesgo de captura por la élite. Cuando un régimen autoritario privatiza activos sin transparencia, los primeros beneficiarios suelen ser quienes poseen conexiones políticas, información privilegiada, acceso a divisas y vínculos con empresas estatales.

La transición desde una economía estatal no conduce automáticamente a una economía libre. Puede conducir a un capitalismo oligárquico donde antiguos administradores del poder se convierten en nuevos propietarios.

Ese es uno de los aspectos que Washington debería vigilar. No basta con saber si una compañía está registrada como privada. Debe conocerse quién controla realmente el capital, qué relación mantiene con funcionarios, GAESA, las Fuerzas Armadas o la Seguridad del Estado, y quién recibe los beneficios finales.

3. Dimensión geopolítica

La reacción del Departamento de Estado forma parte de una estrategia de presión, no de una evaluación económica neutral.

La Administración Trump ha impuesto sanciones contra funcionarios, empresas estatales y sectores estratégicos, y sostiene que su objetivo es aumentar el costo de mantener el sistema político cubano. Un funcionario de la Casa Blanca declaró a Reuters que Washington está dispuesto a iniciar una nueva etapa con La Habana, pero considera que la actual dirección cubana constituye el principal obstáculo.

La descalificación inmediata de las reformas envía un mensaje: Estados Unidos no ofrecerá alivio sustancial a cambio de una liberalización económica controlada. Exige cambios políticos verificables.

Esa posición tiene coherencia democrática. Una dictadura no deja de ser dictadura porque autorice bancos privados o cadenas de restaurantes. Si continúa encarcelando opositores, censurando medios y prohibiendo partidos, el núcleo del sistema permanece intacto.

Pero la estrategia estadounidense también contiene un riesgo. Si Washington rechaza cualquier reforma antes de medir sus resultados, puede crear una profecía autocumplida. Las sanciones dificultan operaciones financieras, inversión, comercio, energía y acceso al sistema bancario internacional. Después, el fracaso de la apertura puede utilizarse como prueba de que las reformas nunca tuvieron valor.

Associated Press recogió la valoración de especialistas que consideran que varias medidas tendrán escaso efecto sin una reducción gradual de determinadas prohibiciones estadounidenses. Eso no significa levantar incondicionalmente las sanciones ni confiar en la palabra del régimen. Significa diseñar incentivos vinculados a resultados comprobables.

Una estrategia más eficaz debería separar a la sociedad del aparato estatal. Las empresas realmente independientes, cuyos beneficiarios finales sean transparentes y no estén vinculados a estructuras militares o represivas, podrían recibir acceso condicionado a financiación, tecnología y comercio. Las entidades controladas por GAESA, el Ministerio del Interior o redes de testaferros deberían continuar bajo vigilancia y sanción.

Washington necesita evitar dos errores. El primero sería legitimar una apertura falsa. El segundo sería asfixiar a los mismos actores privados que podrían reducir la dependencia económica respecto al Estado.

La presión internacional solo es estratégica si modifica los incentivos del poder. Cuando produce sufrimiento generalizado sin crear una ruta verificable de salida, el régimen obtiene un argumento propagandístico y el ciudadano paga el costo.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha advertido que las sanciones sectoriales tienen efectos severos sobre agua, alimentos, salud y otros servicios esenciales. Reuters Esa advertencia no absuelve a La Habana de su responsabilidad estructural. Obliga a Washington a demostrar que su política distingue entre castigar a la dictadura y deteriorar aún más la vida de quienes viven bajo ella.

4. Interpretación estratégica

Las reformas no son humo puro. Son una retirada económica diseñada para evitar una retirada política.

El régimen está cediendo espacios porque ha perdido capacidad para administrar la economía desde el monopolio estatal. No abre por convicción. Abre por necesidad.

La intención de conservar el poder es evidente. Pero la intención no determina por sí sola todos los efectos. Una reforma concebida para salvar al régimen también puede crear empresas, propietarios y redes económicas menos dependientes del Estado. Puede generar contradicciones internas que el propio poder no controle completamente.

Por eso Washington debería analizar las medidas con más precisión que la utilizada en una consigna diplomática.

Hay tres pruebas capaces de separar una reforma auténtica de una simulación.

La primera es la irreversibilidad jurídica. Los derechos empresariales deben quedar definidos mediante normas públicas, estables y susceptibles de defensa judicial. Si dependen de autorizaciones discrecionales, no son derechos: son permisos.

La segunda es la autonomía económica. Las empresas privadas deben poder elegir proveedores, contratar trabajadores, fijar precios, importar, exportar, recibir inversión y acceder a divisas sin depender políticamente de funcionarios o conglomerados militares.

La tercera es la autonomía cívica. El propietario de una empresa debe conservar sus derechos aunque critique al Gobierno, financie periodismo independiente o participe en una organización opositora pacífica. Si la libertad económica termina donde comienza la disidencia, la reforma sigue siendo autoritaria.

El paquete cubano no supera todavía esas pruebas. No porque todas sus medidas sean ficticias, sino porque la estructura política que debe ejecutarlas continúa siendo la misma.

El Departamento de Estado acierta al identificar el objetivo de conservación. El castrismo busca modernizar sus métodos sin democratizar su poder. Pero se equivoca si supone que la amplitud económica carece de importancia.

La transformación puede terminar en tres escenarios.

El primero es la reversión. El régimen permite crecimiento, percibe una amenaza política y restablece controles.

El segundo es la captura oligárquica. Funcionarios, familiares y actores vinculados al poder convierten privilegios administrativos en patrimonio privado.

El tercero es una expansión gradual de la autonomía social. Las empresas independientes acumulan capacidad, reducen la dependencia del salario estatal y producen una sociedad más difícil de controlar.

La tarea estratégica consiste en empujar hacia el tercer escenario y bloquear los dos primeros.

Para ello, Estados Unidos necesita condiciones concretas, no fórmulas generales. Liberación de presos políticos. Cese de la represión contra empresarios y activistas. Transparencia de beneficiarios finales. Protección de la propiedad. Libertad sindical. Acceso no discriminatorio al comercio exterior. Tribunales capaces de fallar contra la administración. Legalización de medios y asociaciones independientes.

Cada avance verificable debería recibir una respuesta proporcional. Cada retroceso debería tener un costo. Esa política sería más rigurosa que aceptar promesas y más inteligente que descalificarlo todo.

Conclusión

Las reformas cubanas no representan el fin del totalitarismo. Representan el reconocimiento de que el monopolio económico ya no puede sostenerlo.

Washington tiene razón al desconfiar. El régimen no ha entregado el poder, no ha reconocido el pluralismo y no ha creado garantías capaces de impedir otra marcha atrás.

Pero llamar “humo” a todo el paquete confunde intención con alcance. El propósito político es preservar al Partido; el contenido económico, si llega a ejecutarse, puede alterar estructuras que durante décadas parecían intocables.

La prueba no será el número de medidas aprobadas ni la retórica de Díaz-Canel. Será saber si un cubano puede crear riqueza sin pedir obediencia, conservarla sin depender de un funcionario y utilizar su independencia sin terminar castigado por el Estado.

Una reforma que no limita al poder no es libertad. Es un permiso.

Y en una dictadura, todo permiso puede ser retirado.

Fuentes para investigar

AFP/NAMPA — Declaración atribuida al portavoz del Departamento de Estado

CiberCuba — Reacción estadounidense a las 176 transformaciones

Granma — Presentación oficial de las 176 propuestas y sus 23 ejes

Reuters — Aprobación parlamentaria y contenido económico del paquete

Reuters — Reacción social, incertidumbre regulatoria y problemas de implementación

Associated Press — Alcance histórico de las reformas y obstáculos internos y externos

Reuters — Posición de la Casa Blanca y advertencia de Naciones Unidas sobre las sanciones

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