Cuba: la dolarización parcial como confesión del fracaso monetario
Cuando el propio Estado necesita vender en divisas para sostener sectores clave del consumo, está admitiendo que el peso cubano ya no funciona como moneda suficiente para organizar la vida económica

Resumen
La dolarización parcial en Cuba no debe leerse como una decisión técnica aislada, sino como una confesión de debilidad estructural. En diciembre de 2025, el gobierno formalizó mediante el Decreto-Ley 113 y normas complementarias el uso de divisas extranjeras en la economía nacional, y el propio Banco Central reconoció en esa normativa que el objetivo era “incrementar los ingresos del país” en monedas fuertes “hasta tanto” se pudiera “retomar el peso cubano como la única moneda de curso legal”. Esa frase es central: el Estado admite, en términos jurídicos, que hoy no puede sostener plenamente el funcionamiento económico con su propia moneda. (gacetaoficial.gob.cu)
La realidad material confirma esa admisión. Reuters reportó en enero de 2025 que Cuba abrió su primera tienda de alimentos que aceptaba dólares estadounidenses en dos décadas, y en agosto de 2025 informó que la dolarización parcial avanzaba al mismo tiempo que el peso caía a 400 por dólar en el mercado informal. AP añadió en febrero de 2026 que el peso tocó 500 por dólar en ese mercado, mientras muchos cubanos seguían cobrando salarios que ya equivalían a apenas unos pocos dólares reales. (Reuters)
No es una modernización monetaria: es una rendición parcial de la moneda nacional
Toda moneda cumple, en esencia, tres funciones: sirve para intercambiar, para medir valor y para conservar valor en el tiempo. El problema cubano es que el peso viene fallando, en distinto grado, en las tres. Si el propio Estado necesita abrir espacios comerciales en divisas para captar dólares y asegurar oferta en determinados segmentos, está reconociendo que el peso no basta ni como instrumento de intercambio ni como reserva de valor para sectores relevantes del consumo. Eso no es una interpretación ideológica extrema; está respaldado tanto por el paquete legal de diciembre de 2025 como por la expansión documentada de tiendas y transacciones en moneda fuerte. (gacetaoficial.gob.cu)
La clave está en lo que el gobierno no dice abiertamente, pero sí revela con sus actos. Ningún Estado que confíe de verdad en su moneda desplaza bienes sensibles hacia circuitos en dólares mientras sigue pagando la mayor parte de salarios y pensiones en moneda local. Cuando lo hace, envía un mensaje devastador: el dinero con el que vive la mayoría ya no es suficientemente confiable para abastecer a la mayoría. Esa fractura es la esencia política de la dolarización parcial. (Reuters)
El Decreto-Ley 113 formaliza lo que la crisis ya había impuesto
La formalización legal de diciembre de 2025 no creó el problema; lo institucionalizó. El Decreto-Ley 113 “Sobre las transacciones en divisas en la economía nacional”, publicado en la Gaceta Oficial, actualiza el régimen jurídico de esas transacciones y declara explícitamente que se busca incrementar ingresos en monedas extranjeras y estimular la producción “hasta tanto” se pueda volver al peso cubano como única moneda de curso legal. Esa fórmula importa porque el Estado no habla de una decisión ideológica de fortalecimiento del peso, sino de una salida provisional en medio de una economía que no logra operar solo con pesos. (gacetaoficial.gob.cu)
Esto desmonta cualquier lectura complaciente. La dolarización parcial no es señal de fortaleza pragmática, sino de impotencia monetaria. El gobierno no está eligiendo entre dos monedas igualmente funcionales; está refugiándose en la divisa extranjera porque la moneda nacional perdió capacidad de ordenar el mercado real. EFE y Swissinfo, al resumir el paquete legal, señalaron precisamente que el gobierno cubano oficializó una dolarización creciente en medio de la grave crisis económica del país. (SWI swissinfo.ch)
Las tiendas en divisas son la prueba más visible del fracaso del peso
La apertura y expansión de tiendas en dólares es probablemente la evidencia más palpable de esa confesión monetaria. Reuters explicó en enero de 2025 que Cuba abrió su primera tienda de alimentos que aceptaba dólares en efectivo o instrumentos vinculados a moneda fuerte en dos décadas, como parte de una estrategia oficial de dolarización parcial. Esa decisión no ocurrió en un contexto de estabilidad, sino en medio de escasez, sanciones, crisis fiscal y necesidad urgente de captación de divisas. (Reuters)
El problema de fondo no es solo que existan esas tiendas. El problema es lo que representan. Cuando bienes importantes migran hacia espacios de consumo en moneda dura, el Estado crea dos economías superpuestas: la economía salarial en pesos, donde sobrevive la mayoría, y la economía efectiva de acceso a ciertos productos, que exige dólares o equivalentes. En términos sociales, eso significa que la moneda con la que se paga a la gente ya no es la misma con la que se garantiza el acceso pleno a parte del consumo. Eso convierte la dolarización parcial en una forma de desigualdad institucionalizada. Reuters subrayó justamente que ese proceso estaba alimentando tensiones sociales y una brecha creciente entre quienes tienen acceso a moneda fuerte y quienes no. (Reuters)
Una moneda que no conserva valor deja de ser refugio y se vuelve castigo
La otra gran confesión está en la pérdida de valor del peso frente al dólar informal. Reuters informó en agosto de 2025 que el peso se hundió hasta 400 por dólar en el mercado no oficial, y AP reportó en febrero de 2026 que llegó a 500 por dólar. Esos niveles no describen una simple volatilidad cambiaria. Describen una ruptura profunda de confianza en la moneda nacional. Cuando una moneda pierde valor a esa velocidad, el ahorro en esa moneda deja de ser prudencia y pasa a ser exposición directa al deterioro. (Reuters)
Aquí aparece el aspecto más crudo del problema. El Estado sigue pagando principalmente en pesos, pero una parte creciente de la economía real se mira, se calcula o se defiende en dólares. Eso significa que quien cobra en pesos carga con el costo de la depreciación, mientras quien logra dolarizar ingresos o ahorros consigue alguna protección. La moneda nacional deja entonces de funcionar como patrimonio común; se transforma en moneda de los atrapados. AP resumió esa realidad con brutal claridad al señalar que muchos cubanos ganaban alrededor de 7.000 pesos mensuales, que al tipo informal equivalían apenas a unos 14 dólares. (AP News)
La dolarización parcial no resuelve la crisis: la redistribuye
Sería un error presentar la dolarización parcial como solución económica seria. En el mejor de los casos, es un mecanismo de supervivencia estatal. Le permite al gobierno captar divisas, sostener algunos circuitos comerciales y aliviar ciertas presiones de caja. Pero no corrige la raíz del problema: baja productividad, falta de confianza, escasez estructural, segmentación monetaria, represión económica del emprendimiento y un peso que sigue sin funcionar como moneda fuerte para la vida real. Reuters, al cubrir la discusión sobre nuevas medidas para atraer inversión extranjera en noviembre de 2025, volvió a describir una economía marcada por depreciación del peso, apagones diarios y fuerte deterioro general. (Reuters)
De hecho, la dolarización parcial puede agravar el problema social aunque ayude tácticamente al Estado. Porque mientras las tiendas y ciertos mercados se mueven en moneda dura, salarios, pensiones y buena parte del empleo siguen anclados al peso. El resultado es una economía partida en dos. Una Cuba con acceso a dólares o remesas puede amortiguar la crisis. Otra Cuba, la de quienes viven solo de ingresos en pesos, queda cada vez más expulsada del mercado realmente útil. Reuters identificó esa dinámica como fuente de inflación, desigualdad y tensión social. (Reuters)
El Estado admite que quiere dólares, pero no puede admitir del todo lo que eso significa
Lo más revelador de este proceso es su dimensión política. El Estado cubano no puede decir sin costo ideológico que su moneda fracasó. Pero tampoco puede ocultarlo completamente cuando sus normas y su política comercial dependen cada vez más de divisas extranjeras. Por eso el lenguaje oficial intenta presentar la dolarización parcial como algo temporal, administrado y subordinado a una futura recuperación del peso. El problema es que esa promesa convive con un peso debilitado, varias tasas de cambio, mercados informales dominantes y una población que protege valor fuera de la moneda nacional cuando puede. (gacetaoficial.gob.cu)
La confesión, entonces, no está en una declaración política explícita, sino en la estructura misma del sistema. Si necesitas vender en dólares, captar remesas, atraer moneda fuerte y legalizar transacciones en divisas para sostener partes relevantes de tu economía, ya estás diciendo que tu moneda no alcanza. Y si además sigues pagando a la mayoría en esa moneda debilitada, estás trasladando a la población el costo del fracaso monetario.
Conclusión
La dolarización parcial en Cuba es mucho más que una medida económica. Es la prueba de que el peso cubano ha dejado de cumplir plenamente su función como moneda suficiente para organizar sectores clave del consumo, proteger ahorro y sostener confianza. El propio paquete legal de diciembre de 2025 lo reconoce indirectamente al asumir las divisas como necesidad transitoria “hasta tanto” pueda restablecerse el peso como única moneda de curso legal. (gacetaoficial.gob.cu)
Ese es el núcleo del análisis. El Estado cubano, al depender de tiendas en divisas y de transacciones cada vez más ligadas a moneda fuerte, no está demostrando control monetario; está confesando su pérdida. Y mientras esa confesión se formaliza arriba, abajo la población vive la consecuencia concreta: salarios en pesos, precios referenciados por el dólar y una economía donde la moneda nacional sigue existiendo, pero cada vez pesa menos. (Reuters)
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