De “revolucionarios” a “terroristas”
Por qué el poder cubano glorifica su propia violencia histórica y criminaliza como “terrorismo” la disidencia actual

La diferencia no está en la naturaleza objetiva de los hechos, sino en quién controla el Estado, el relato histórico, el Código Penal, la Fiscalía, los tribunales y los medios. En Cuba, la palabra “terrorismo” funciona menos como categoría neutral y más como instrumento de poder.
Tesis central
Lo que estás señalando no es una contradicción accidental. Es un patrón clásico de todo poder revolucionario que se volvió Estado: la violencia que lo llevó al poder se redefine después como “gesta libertadora”, mientras que cualquier desafío posterior al poder constituido se redefine como “terrorismo”, “subversión”, “mercenarismo” o “enemigo interno”. Ese cambio no depende primero de la magnitud del daño, sino del lugar desde el cual se narra y se juzga. (tsp.gob.cu)
Dicho de forma más cruda: antes de 1959, la violencia de Castro y su entorno era presentada por ellos mismos como violencia legítima contra una dictadura; después de 1959, el Estado cubano se arrogó el monopolio absoluto de la legitimidad y declaró ilegítima casi toda violencia —e incluso buena parte de la protesta no violenta— dirigida contra él. (Encyclopedia Britannica)
1) Los hechos históricos que desmontan la superioridad moral automática del relato oficial
No hay duda histórica de que el movimiento que terminó tomando el poder en Cuba recurrió a métodos armados, clandestinos y coercitivos. Fidel Castro dirigió el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 con alrededor de 160 hombres; la operación fracasó y dejó numerosos muertos. Britannica lo describe como un ataque “desesperado” y fallido contra un cuartel del ejército. (Encyclopedia Britannica)
Tampoco hay duda sobre el secuestro de Juan Manuel Fangio en febrero de 1958: fue realizado por rebeldes castristas para humillar internacionalmente al gobierno de Batista antes del Gran Premio de Cuba. (HISTORY)
Además, en 1958 el propio movimiento de Castro practicó secuestros de civiles y militares extranjeros. Britannica recoge el secuestro de 10 estadounidenses y 2 canadienses en Freeport Sulphur, así como el secuestro de 28 marinos estadounidenses al día siguiente. (Encyclopedia Britannica)
En el terreno aéreo, la evidencia académica muestra que los secuestros de aviones vinculados a la crisis cubana comenzaron en 1958. Un estudio de The Historical Journal sitúa en ese año los primeros secuestros en el hemisferio occidental entre Cuba y Estados Unidos, y añade que rebeldes castristas llegaron a secuestrar aproximadamente una cuarta parte de los aviones de Cubana, obligándolos a aterrizar en pistas bajo control rebelde. (Cambridge University Press & Assessment)
Respecto a la campaña de bombas urbanas, las fuentes históricas coinciden en que La Habana vivió una fase de sabotaje intenso en los últimos meses de 1958. Un recuento histórico sobre esa etapa señala unas 300 explosiones en el área metropolitana habanera entre el 1 de noviembre y el 31 de diciembre de 1958, y más de 100 bombas en una sola noche, el 7 de diciembre. Esa cifra debe leerse con prudencia porque no todas las fuentes la formulan igual, pero la existencia de una campaña urbana sostenida de explosivos no es seria ni historiográficamente discutible. (coldwarstudies.com)
2) Entonces, ¿por qué eso fue “revolución” y hoy llaman “terrorismo” a cosas muchísimo menores?
Porque el Estado decide qué violencia entra en la historia como heroica y cuál entra en el expediente como criminal
El punto decisivo no es moral sino político. Una vez que el castrismo ganó, convirtió su violencia pasada en mito fundacional. El asalto al Moncada dejó de ser, en el discurso oficial, un ataque armado contra una instalación militar y pasó a ser “el inicio necesario de la liberación nacional”. El secuestro de Fangio dejó de verse como secuestro político y pasó a narrarse como “acción audaz” de propaganda revolucionaria. El sabotaje urbano dejó de contarse como terrorismo urbano y pasó a presentarse como “lucha insurreccional”. (Encyclopedia Britannica)
Eso ocurre porque la historia oficial no clasifica actos; clasifica lealtades. Si el actor sirve al relato de origen del régimen, sus métodos se reinterpretan. Si el actor amenaza el monopolio político actual, sus métodos se absolutizan y se demonizan. La categoría cambia según el sujeto político, no sólo según la conducta. (UNODC)
3) El mecanismo profundo: del revolucionario al guardián del monopolio
Todo régimen nacido de una revolución enfrenta una contradicción mortal: llegó al poder legitimando la insurrección, pero sólo puede mantenerse deslegitimando cualquier insurrección posterior. Por eso necesita construir una doctrina según la cual:
-
su violencia pasada fue excepcional, necesaria y moral;
-
la violencia ajena presente es criminal, mercenaria o terrorista;
-
incluso la protesta civil puede ser presentada como “tapadera” de una operación enemiga.
Ese es exactamente el lenguaje de securitización. El conflicto deja de ser “ciudadanos versus gobierno” y pasa a ser “patria versus terror”, “soberanía versus subversión”, “orden versus caos inducido desde el exterior”. En ese marco, pedir libertad no se discute políticamente: se procesa como amenaza de seguridad. (tsp.gob.cu)
4) La elasticidad deliberada del concepto de terrorismo en Cuba
Aquí entra el derecho como arma política. En 2025, el propio Tribunal Supremo Popular de Cuba explicó que el Código Penal cubano considera terrorista todo acto ejecutado para intimidar u obligar a un gobierno o a una organización internacional a hacer o dejar de hacer algo, o para provocar alarma, temor o terror en la población, afectar la vida o integridad de las personas, causar daños relevantes a bienes importantes, al medio ambiente, a la paz internacional o a la seguridad del Estado cubano. (tsp.gob.cu)
Ese problema es central: la definición es lo bastante amplia como para permitir expansiones políticas. Si el Estado presume intención de intimidar al gobierno, alterar el orden o generar alarma social, la frontera entre protesta violenta, sabotaje, alteración del orden público y terrorismo se vuelve manipulable. (tsp.gob.cu)
Además, organismos de la ONU y de derechos humanos llevan años advirtiendo que no existe una definición universalmente cerrada de terrorismo y que las definiciones vagas favorecen abusos estatales contra derechos fundamentales. OHCHR subraya precisamente ese riesgo, y UNODC reconoce la ausencia de una definición universalmente acordada. (UNODC)
5) Bajo un estándar más serio, no todo desorden político es terrorismo
Aquí hace falta precisión. No todo acto ilegal contra el Estado es terrorismo. Bajo enfoques internacionales ampliamente usados, el rasgo central del terrorismo es la intimidación o coerción de población o gobiernos mediante violencia o amenaza de violencia grave, normalmente con riesgo severo para la vida, lesiones graves o toma de rehenes. OHCHR resume el fenómeno en esos términos. (OHCHR)
Por eso, cuando hablamos de personas que salen a pedir libertad, gritan consignas, tiran piedras, rompen vitrinas o causan desórdenes sin matar a nadie, lo jurídicamente serio es distinguir entre:
-
protesta pacífica;
-
disturbio o desorden público;
-
vandalismo o daños;
-
sedición o rebelión;
-
sabotaje;
-
terrorismo.
Mezclar todo eso en una sola etiqueta no es análisis penal; es propaganda penal. (Human Rights Watch)
6) Lo que de hecho ha pasado en Cuba reciente no confirma una justicia neutral, sino una criminalización política del disenso
Las grandes condenas documentadas tras las protestas del 11 de julio de 2021 y otras posteriores no se centraron sobre todo en “terrorismo” en sentido técnico, sino en sedición, sabotaje, desórdenes públicos y delitos contra la seguridad del Estado. Human Rights Watch documentó condenas de hasta 25 años, incluyendo casos por lanzar piedras; Amnistía reportó nuevas condenas en 2024 contra manifestantes de Nuevitas por sedición y “propaganda enemiga”; el Departamento de Estado también registró condenas por sedición en protestas por apagones. (Human Rights Watch)
Amnistía también sostuvo en 2025 que en Cuba seguían encarceladas personas “simplemente por hablar” y denunció arbitrariedad, falta de transparencia y condicionamientos políticos en las excarcelaciones. Reuters reportó hace pocos días que el miedo social sigue determinado por las largas penas, la represión y la persistencia de presos por las protestas. (Amnesty International)
Eso demuestra algo importante: el régimen no necesita condenar formalmente por terrorismo a todo opositor para usar el imaginario del terrorismo. Le basta con meter la protesta en el marco discursivo de la “guerra”, la “subversión”, el “enemigo externo” y la “seguridad del Estado”. La etiqueta legal puede variar; la función política es la misma. (tsp.gob.cu)
7) La raíz ideológica del doble rasero
La raíz final es esta: el castrismo no se entiende a sí mismo como un gobierno alternable, sino como una encarnación de la nación. Cuando un régimen se identifica con la patria, disentir ya no aparece como oposición legítima, sino como traición. Desde esa lógica:
-
atacar cuarteles en 1953 fue “patriotismo revolucionario”;
-
secuestrar a Fangio fue “acción política de alto impacto”;
-
secuestrar aviones o poner bombas fue “insurrección”;
-
hoy pedir libertad en la calle puede convertirse en “plan desestabilizador”.
No porque los hechos sean equivalentes, sino porque el Estado se reserva el derecho de decidir qué violencia “libera” y qué protesta “amenaza”. (Encyclopedia Britannica)
8) Veredicto
Tu comparación apunta al centro del problema: en Cuba no existe una memoria jurídica coherente sobre la violencia política; existe una memoria de poder.
Cuando la ejercieron ellos contra Batista, la llamaron revolución. Cuando otros cuestionan su dominio, la llaman terrorismo, sedición, mercenarismo o desorden contrarrevolucionario.
La diferencia no está en los hechos desnudos. Está en esto:
quien ayer necesitó legitimar la violencia para conquistar el poder, hoy necesita demonizar hasta la protesta para conservarlo.
Fuentes principales
- Tribunal Supremo Popular de Cuba sobre el tratamiento penal del terrorismo: (tsp.gob.cu)
- Código Penal cubano 2022 / Gaceta Oficial: (tsp.gob.cu)
- Britannica sobre el asalto al Moncada y secuestros en 1958: (Encyclopedia Britannica)
- History sobre el secuestro de Fangio: (HISTORY)
- The Historical Journal sobre los secuestros de aviones de 1958 y su contexto: (Cambridge University Press & Assessment)
- Recuento histórico sobre la ola de bombas en La Habana en 1958: (coldwarstudies.com)
- Human Rights Watch y Amnistía sobre la represión posterior al 11J y otras protestas: (Human Rights Watch)
- OHCHR y UNODC sobre problemas de definición del terrorismo: (UNODC)
¿Qué te pareció este análisis?
Comentarios
Sé el primero en comentar
Tu opinión importa. Comparte tus ideas.

La Habana activa el reflejo militar mientras la sociedad sigue atrapada entre apagones, hambre y propaganda de guerra

La Habana ofrece diálogo, pero blinda el sistema: Cuba quiere oxígeno con Washington sin ceder el monopolio del poder
